La “milla dorada” de Punta que cautiva a los sibaritas exigentes.
PUNTA DEL ESTE.- “Esta es la calle gastronómica por excelencia y en menos de diez años va a estar poblada por restaurantes para gourmets”, predice el chef Jean-Paul Bondoux, dueño de una exquisita casa en la que ha recreado un rincón de su Borgoña natal.
La calle a la que hace referencia es la avenida Pedragosa Sierra y, con más precisión, un trecho de diez o quince cuadras que se abre paso entre bosques de pinos, jardines, chalets y hoteles con encanto, en el corazón de San Rafael, en Punta del Este.
El circuito de restaurantes y boliches más turístico del balneario está junto al puerto, con sus decks y sus amplias sombrillas mirando hacia la Mansa. Los paradores en Manantiales y José Ignacio también son sitios ideales para ver y dejarse ver al mediodía. Los establecimientos de la “milla dorada” de Pedragosa Sierra tienen, en cambio, un encanto particular por la noche, iluminados con guirnaldas que destellan entre el follaje y por la luz de las velas que adornan las mesas.
En ese tramo se encuentran Floreal, Blue Fish, Le Tableau de Jean, La Bourgogne, el asador Don Polidoro y Life Bistró. La tradicional casa de cocina italiana Il Baretto (hoy en Altos del Puerto) se propone abrir en Pedragosa Sierra otro local.
El primero que sentó raíces en esta avenida fue Floreal, cuyo salón figura entre las más tempranas construcciones del barrio San Rafael. Hoy lo dirige la tercera generación. “Hemos tenido -dicen- la satisfacción de haber visto dar los primeros pasos a clientes que hoy nos siguen visitando con sus hijos.”
Floreal es restaurante, salón de té y ofrece servicio de catering. La carta es una muestra sugerente de cocina europea y en sus platos se nota la mano instruida por chefs emblemáticos como los hermanos Troisgros o el español Juan Mari Arzak.
Blue Fish, ubicado más cerca de la avenida Roosevelt, abrió sus puertas hace tres años y desde el primer día se llenó. El nombre traía reminiscencias de Blue Cheese, un restaurante situado en la rambla frente al muelle de Mailhos que era, hasta que cerró, una de las casas más codiciadas del balneario por su sabrosa comida, sus precios más que razonables y la esmerada atención de su staff.
“La gente que nos conoció en la época que estábamos en el puerto ha seguido siendo fiel y viene a cenar aquí”, comenta el jefe de cocina Raúl Moreira, autor de una lasagna que es la insignia de la carta. El estridente azul que comparte con el blanco la decoración del local justifica el nombre de Blue Fish, donde el pescado y los frutos de mar componen los platos más típicos. Pero es su colorido buffet de ensaladas, con sus ingredientes dispuestos como en un lienzo expresionista, el atractivo visual más poderoso para muchos de sus asiduos comensales.
El hogar de la parrilla uruguaya en Pedragosa Sierra es Don Polidoro, de Luciano Cornella, un asador que lleva 20 años explotando su especialidad: un menú completo de carnes y verduras grilladas que se puede degustar por 90 dólares.
Una muralla de hortensias y laureles resguarda la intimidad y el encanto francés de La Bourgogne, que reclama una billetera rebosante. A su dueño, Jean-Paul Bondoux, no le agrada hablar de dinero. Mira severo y ofuscado cuando dice, en una mezcla de francés y retorcido castellano: “Se dijo en diciembre que un brasileño había reservado todo el restaurante para la cena de Año Nuevo y que había pagado 50.000 dólares. Eso no es verdad”.
La carta que entrega para informar es la que se ofrece a las damas: no figuran los precios. Pero un vistazo a la de los caballeros permite luego comprobar que el precio medio de los platos ronda los 70 dólares. Los precios de la carta de vinos están en divisas.
Antes de entrar en ellos hay que conceder que la bodega de La Bourgogne es única en Punta del Este y quizás en Uruguay. Hay botellas del Vallé du Rhône, de Borgoña, Burdeos y Alsacia; también hay caldos chilenos, argentinos y uruguayos. La pieza más lujosa es un Chateaux Petrus 1982. Cuesta la friolera de US$ 15.000. En la órbita del champagne, una botella de 1980 de La Grande Dame Magnum sale US$ 2900.
El menú, como es obvio, está en francés: Tranche de Gigot d´Agneau, Berre de Sauge et Musseline de Carotte au Cumin es uno de los próceres mayores de la lista.
Al otro lado de la calle, su hijo Aurelien inauguró este año Le Tableau de Jean-Paul, un bistró con el mismo carácter que La Bourgogne, “aunque tres veces más barato”, dice Bondoux satisfecho de su herencia. Y concluye que “la alta gastronomía es amor, generosidad y pasión”. ¿Y la mesa? “El mejor lugar del mundo para la comunicación”, dice Bondoux.
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Articulo y foto:
J. L. Aguiar
El País / GDA